
En la filmografía de muchos directores hay un momento único e irrepetible en el que logran crear una película llena de una sensibilidad y belleza que, en ningún otro momento de su carrera, lograran repetir y eso que es posible que tengan filmes que, desde un punto de vista cinematográfico, sean mejores. Es el caso de Federico Fellini con "La strada" (íd., 1954), el de William Wyler con la maravillosa "Los mejores años de nuestras vidas" (The best years of our lives, 1946), el de Carl Theodor Dreyer con "La palabra" (Ordet, 1955) o Orson Welles con "El cuarto mandamiento" (The magnificent Ambersons, 1942), por citar cuatro ejemplos de empaque. Ese es el mismo caso, aunque con una filmografía en la que no abundan las grandes películas como en las cuatro anteriores, de Nanni Moretti y "La habitación del hijo" (La stanza del figlio, 2001). Los 99 minutos de su metraje destilan sensibilidad y trasmiten sentimientos que se agarran al corazón del espectador, sin caer el sentimentalismo blando y fácil tan típico del cine italiano más reciente, caso de "Cinema Paradiso" (íd, 1988) o "La vida es bella" (La vitta é bella, 1997).
La necesidad y el desconcierto por la perdida de uno de los miembros de la familia que expresan, al final de la película, esa tres tristes figuras en la playa fronteriza de Ventimiglia, mientras suena una canción de Brian Eno es lo mejor que ha dirigido y dirigirá este intelectual italiano, abanderado de la izquierda en este país, y experto en historias llenas de ironía que ponen el dedo en la llaga de los defectos de la sociedad italiana y caracterizadas por un tono costumbrista. Pero es que el dolor que expresa el mismo Moretti, en aquella feria llena de vida, risas y felicidad, tras la muerte de su hijo, vale más que tratados y tratados para explicar el desgarro que se siente tras el fallecimiento de un ser querido. Y es que "La habitación del hijo", tras un inicio en el que se muestra la vida cotidiana de una familia formada por un padre psicoanalista, cada vez menos interesado por los problemas de sus pacientes, una madre interiorista y un hijo y una hija adolescentes, en la que parece que no pasa nada; la tragedia se desata cuando el hijo fallece mientras está practicando submarinismo con sus amigos.
La naturalidad y la sencillez con que la cámara retrata el proceso de asunción de esos tres personajes y las interpretaciones tan mesuradas y alejadas de efectismos de Nanni Moretti, Laura Morante y Jasmine Trinca son sus principales bazas para convertirla en una película únia y particular. Los tres, a su manera, buscan una explicación a esa pérdida. Mientras Moretti le echa la culpa a uno de sus pacientes y se encierra en sí mismo; Morante, que interpreta a la madre, se refugia en la fe y su hija, que interpreta Trinca, utiliza la violencia y la desidia para expresar su frustración.
La naturalidad y la sencillez con que la cámara retrata el proceso de asunción de esos tres personajes y las interpretaciones tan mesuradas y alejadas de efectismos de Nanni Moretti, Laura Morante y Jasmine Trinca son sus principales bazas para convertirla en una película únia y particular. Los tres, a su manera, buscan una explicación a esa pérdida. Mientras Moretti le echa la culpa a uno de sus pacientes y se encierra en sí mismo; Morante, que interpreta a la madre, se refugia en la fe y su hija, que interpreta Trinca, utiliza la violencia y la desidia para expresar su frustración.
Sobre todo, está genialmente retratado como Moretti, sin poder evitarlo, culpabiliza de la muerte de su hijo a ese hombre que, el día de la muerte de su Andrea, le hizo viajar hasta su casa para contarle que está desarrollando un cáncer y, de paso, desahogarse con su psicoanalista. Lentamente, y aunque su razón le dice que su paciente no tiene la culpa, el personaje de Moretti vuelca su frustración en él, a pesar de que este también vive su propio drama. Tal es el grado de desesperación que Moretti prefiere abandonar su trabajo, antes de seguir tratando a esa persona. Y, lo mejor de todo, es que como espectador, las razones de Moretti se comprenden perfectamente, aunque se compartan en mayor o menor medida.
Pero, a pesar de todo, la película ofrece un resquicio de luz porque, al final, se puede superar el dolor. La catarsis es posible y aquí se logra mediante la visita de la primera novia del hijo fallecido, de la que la familia no tenía noticia. Un viaje en carretera, la intención de dos chicos de recorrer Europa a pie, una noche entera sin dormir...ese viaje sirve para comprobar que la vida continúa y que, aunque el dolor y el vacío estarán allí para siempre, hay que seguir hacia adelante.
Pero, a pesar de todo, la película ofrece un resquicio de luz porque, al final, se puede superar el dolor. La catarsis es posible y aquí se logra mediante la visita de la primera novia del hijo fallecido, de la que la familia no tenía noticia. Un viaje en carretera, la intención de dos chicos de recorrer Europa a pie, una noche entera sin dormir...ese viaje sirve para comprobar que la vida continúa y que, aunque el dolor y el vacío estarán allí para siempre, hay que seguir hacia adelante.
Y hay está la grandeza de "La habitación del hijo" porque, como en "Los mejores años de nuestras vidas" o en "Ordet", el celuloide ha captado un trozo de vida único e irrepetible y lo ha hecho con sencillez, anteponiendo lo que se quiere contar a cómo se cuenta y logrando su recompensa por ello. Y es que hay una manera de recorrer el camino entre los clavos de un ataúd y una playa en la que reconciliarse con la vida, y se puede mostrar extrayendo toda la belleza de ese viaje.
Y qué bien está Laura Morante en todos los sentidos.
ResponderSuprimirHOLA MI NOMBRE ES CARLOS , MI CORREO ES carlonesco@hotmail.com, VIVO EN MEXICO, ESTOY SUPER INTERESADO EN CONSEGUIR ESTA PELICULA, ALGUIE SABRA DONDE LA PUEDO CONSEGUIR, O SI ES POSIBLE BAJARLA EN INTERNET, AGRADEZCO SUS COMENTARIOS Y APOYO HASTA LUEGO Y FELIZ AÑO 2010
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